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Un par de siglos antes del arribo de los europeos, los Incas habían iniciado la colonización de aquellos territorios en donde las montañas descienden casi a pico hasta cubrirse de vegetación tropical entre los 500 y los 2000 mil metros de altitud sobre el nivel del mar. La región fue llamada "Rupa Rupa" que en la lengua quechua significa "caliente caliente" o también "refugio de los monos".

Este proyecto de expansión del imperio incaico, frustrado por la conquista castellana, tenía razones muy poderosas. Aparte de las militares y aquellas convocadas por el oro que inundaba los ríos, la Selva Alta era (y es) al mismo tiempo el luminoso espacio de los alcaloides. A lo largo de esos accidentados bosques se extienden, prósperas y abundantes, las tierras propicias para el té, el café, traídos por los españoles, el tabaco y sobre todo la coca, planta tenida por sagrada por los antiguos peruanos. Sin nombrar los millares de plantas que los nativos utilizaban para el bien de los cuerpos y las almas desde tiempos inmemoriales.

Una de estas especies vegetales es la llamada Uña de Gato. Se trata de una rubiácea gigante que alcanza los 25 metros de altura, cuyas velludas lianas o bejucos parecen arrancadas de un filme de Tarzán. Del medio centenar de variedades hasta ahora conocidas, sólo dos tienen probadas cualidades curativas. Sus nombres científicos, son Uncaria tomentosa y Uncaria guianensis.

Su empleo en la medicina tradicional es de larga data. Los peruanos precolombinos la tenían por mágica y saludable. Los peruanos actuales, principalmente a nivel campesino y popular, la toman, haciendo una infusión con la corteza que cubre la liana, contra los males reumáticos y los tumores. Los últimos estudios realizados en Austria, Italia, Alemania, Estados Unidos y en el mismo Perú, han demostrado que sus componentes ácidos y alcalóidicos son fuentes de asombrosas cualidades terapéuticas. Su actividad citostática hace de la planta, al parecer, un inhibidor de células cancerosas. Al tiempo que el alto incremento de la actividad fagocitósica la convierte en un poderoso inmunoestimulante, posible nuevo frente en la lucha contra el Sida.

Introducida en Lima y otras ciudades de la costa por los migrantes rurales, su comercio era, hasta hace pocos años, casi exclusivo de los hierberos ambulantes y se tenía a sus consumidores por incautos o supersticiosos en general. Actualmente micropulverizada dentro de cápsulas o reducida a extractos de mayor concentración en comprimidos, es un producto de empaque industrializado.

Aunque la Uña de Gato es empleada, desde hace siglos, por diversas tribus amazónicas, los primeros estudios de corte científico y su aplicación curativa contra las dolencias del sistema inmunológico y las inflamaciones graves, se debe a un pionero alemán, esposo, padre y abuelo de peruanos, que durante medio siglo se aposentó en la selvática región de Chanchamayo. Su nombre Arturo Brell.

Desgraciadamente, los estudios que sobre la Uncaria siguieron a la muerte de Brell, acaecida en el 78 en Lima, fueron en muchos casos erráticos o simplemente dejados de lado. Hasta que en 1990, una importante empresa agroindustrial los retomó, auspiciando investigaciones y estableciendo relaciones con los científicos nacionales y extranjeros empeñados en ampliar las fronteras terapéuticas de la Uña de Gato. Dicha empresa es actualmente, la productora de los únicos comprimidos de extracto tratados por liofilización, proceso que garantiza el íntegro de sus propiedades y una máxima concentración de los efectos benéficos. Sea como fuere, y pese a ciertos logros espectaculares, podemos decir que la larga marcha de esta generosa planta recién ha comenzado.

Por: Antonio Cisneros